Higos para el nuevo año, by Víctor Gago

Higos para el nuevo año, by Víctor Gago

Una pareja camina por la costa europea del Mar del Norte, junto a una batería militar. (Fotografía Creative Commons).

Una pareja camina por la costa europea del Mar del Norte, junto a una batería militar. (Fotografía Creative Commons).

By Víctor Gago

Recién amanecido, sereno bajo un sol suave de promesas; inmenso y reseteado, se asoma el nuevo año como un mar en calma con hambre de higos. Extraña metáfora, que atraviesa la imaginación europea de los naufragios. Hans Blumenberg la exhuma en La inquietud que atraviesa el río, una cartografía de las metáforas clásicas, erudita y novelera. Erasmo, en su recopilación de Adagia; Esopo, en sus fábulas; Goethe, en un poema sin título de 1781 –así como en algunas cartas. Variantes de una imagen, la del navegante con memoria de sus propios naufragios, contemplando un mar en calma que lo incita a una nueva aventura. “Ya sé lo que quieres: ¡tú quieres higos!”, dice el náufrago, un insular siciliano en la versión de Erasmo. El mar tempestuoso ha engullido su barco cargado de higos para el mercado continental. Desde la orilla, el superviviente observa la serena inmensidad azul, a la que habla con la lección aprendida. Te conozco; no volverás a embaucarme. Esopo convierte al comerciante en pastor, y los higos, en dátiles. Goethe da a la historia un giro aún más interesante: ahora son dos amigos que separan sus destinos, como los hermanos de Los trabajos y los días. El que se queda mira al otro zarpar en pos de riquezas desconocidas: “Eras precavido, parecías al abrigo / ahora, tuya será la ganancia, y tuya también la pérdida”. Antes, le había advertido: “Vuelve al mar, que quiere de nuevo higos”. En Goethe, la metáfora adquiere una luz de resignación. Las enseñanzas de los naufragios del pasado en nada nos aprovechan para el presente y para el futuro. La historia humana consiste en una repetición de utopías y desastres provocados por “las seducciones de la lejanía y la aventura, del beneficio y el gozo, cuya metáfora es el hambre de higos del mar” –deduce Blumenberg de la imagen de Goethe.

La convención de comenzar un nuevo año tiene algo de recaída. Las expectativas ya se han hundido antes en las mismas olas. La cosecha del futuro se arruinó ya en este mismo mar que ahora amanece sereno y hambriento de higos. Vivimos en el mejor de los tiempos –sostiene Michel Serres en Darwin, Bonaparte et le Samaritain–, una época de paz, progreso y bienestar sin parangón en la historia. La idea del triunfo de la historia dirige su descripción del presente. Por otro lado, los expertos señalan paralelismos con las calamidades de hace un siglo. El mundo de 2017 se parece al de 1917, afirma The Economist en su número especial sobre el nuevo año. Las tensiones de hoy en las democracias liberales recuerdan a las que precedieron el estallido de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución Rusa. También la Europa de 1914 había disfrutado de cuarenta años de paz, progreso y bienestar justo antes de la implosión. Al derribar el Muro de Berlín y ganar la Guerra Fría, Occidente creyó haber asegurado una larga edad dorada para el orden liberal en el mundo. En lo sucesivo, izquierda y derecha defenderían juntas la democracia, la sociedad abierta y multicultural, el comercio mundial sin fronteras y las cláusulas del consenso económico de Washington. La historia humana había llegado a su destino.

Si algo enseña la historia, es a desconfiar de la bonanza –la del mar y la del tiempo. Junto a la ciencia, la técnica y la riqueza, también crecen en los estados de prosperidad las utopías que llevan a la perdición. El voto del Brexit y el de Donald Trump han expresado la frustración de muchos con la globalización y su desigual reparto de cargas y beneficios. Esta clase media percibe que los flujos de inmigración y el traslado de industrias a otros países recaen sobre sus espaldas, mientras que los beneficios se acumulan solo en manos de una minoría de privilegiados. La reacción popular cristaliza en nuevos líderes y partidos nativistas que ofrecen el falso remanso de unos Estados identitarios y autárquicos. Ese mar que algunos europeos quieren navegar tiene hambre de higos.

Víctor Gago, periodista.

Víctor Gago, periodista.

En paralelo a esta historia de desencanto, ha crecido desde el 11-S el miedo a un terrorismo yihadista que utiliza la tecnología de la globalización para reclutar a europeos, infiltrarse y atacar en el interior de las sociedades occidentales. Si consigue volver a golpear en 2017 con la crueldad con que lo ha hecho en 2015 y 2016, la presión acabará amenazando los pilares políticos de Europa. Con Estados Unidos en fase de repliegue, y Rusia al acecho en las fronteras del Este y el Báltico, Europa repetiría la travesía fatídica de la primera mitad siglo XX si el terrorismo, por un lado, y las fuerzas tribales, por el otro, la empujan de nuevo a conformarse en un mosaico de teselas valladas de viejos Estados-nación.

Los naufragios del pasado deberían prevenirnos ante la falsa bonanza del mar, como al marinero siciliano de Erasmo; pero, quizá sea demasiada expectativa, como temió Goethe, y la seducción de un mar hambriento de higos nos empuje a repetir una y otra vez aventuras insensatas.


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Periodista. Corresponsal de Expansión en Canarias y presidente de la Asociación de la Prensa de Las Palmas, miembro de Fape, con 22.000 periodistas asociados. Editor de Economía a las 8, en El Espejo Radio. En Meridian News, me ocupo de la información económica.

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