Najarro conquista el ‘zaguán’ del Cuyás

Najarro conquista el ‘zaguán’ del Cuyás

Najarro dirige con sello propio al BNE. Esther Jurado baila la 'Soleá del mantón' (Fotografía Facebook oficial del Ballet Nacional).

Najarro dirige con sello propio al BNE. Esther Jurado baila la ‘Soleá del mantón’ (Fotografía Facebook oficial del Ballet Nacional de España).

Por Nadia Jiménez Castro

Najarro ofreció en el teatro Cuyás su visión más particular de la danza española. Ha sabido presentar a un Ballet Nacional de España que se muestra como verdadero escaparate internacional para un baile que goza de sello universal.

Toma distancia de ese costumbrismo más localista, al que tanto apego le tienen muchos en el baile español, y apuesta por aires nuevos pero sin perder de vista la raíz. Como debe ser.

Armonía de raza, emoción y elegancia están presentes desde el principio en un programa doble que colma de arte la noche. Puro baile español. ‘Zaguán’ y ‘Alento’.

Pero nosotros nos quedamos con ‘Zaguán’ y en el zaguán… Con su música en vivo, compuesta por el guitarrista flamenco Jesús Torres. Su efecto teatral de ‘madrugá’, de tablao en un patio bajo el cielo, con la luz en las ventanas para quienes pudieran asomarse a mirar. (La iluminación de Nicolás Fischtel, casi cinematográfica, es un acierto).

La variedad de sus ritmos hacen de este ‘zaguán’ una fiesta flamenca, llena de quebrantos, pasión y raza. Un ‘quejío’ en toda regla con el que bailar hasta el amanecer, dándole arte a tanto amorío.

Zaguán’ es un cuadro flamenco lleno de garra y fuerza. Ellas y ellos. Zapateados con alma y manos al aire. Auténticos. Bailaores ‘sentíos’. Perfectos en sincronía coral. Buenas transiciones entre las piezas que fluyen con naturalidad gracias a las evoluciones de bailaoras y bailaores.

Y enganchan. Cada breve intervalo estallaba en aplausos. Coreografiado por Mercedes Ruiz, La Lupi y Marco Flores (grandes figuras), estaba complementado a la perfección por el cuadro musical de seis artistas de los que ‘calan’. Entre tocaores y cantaores, percusión, guitarra y palmas.

La magia fue de la “Seguiriya y toná” de Marco Flores, y su ‘guajira’ y ‘milonga’ para cinco chicos de “Puerto Caimán”, a las ‘alegrías’ de Mercedes Ruiz con sus “Cantiñas de Córdoba”. La Lupi creó unos ‘tangos’ para la “Fonda de Carmencita”, retratando los café-tablaos y tabernas del siglo XIX y sus bailaoras de la época (incluida La Cuenca, la primera en vestirse de hombre).

Y a todo ello ayudó, por supuesto, el maravilloso vestuario de la canaria Yaiza Pinillos y ese toque elegante que supo dar a los trajes flamencos, en los que texturas y tonalidades emulaban lo mismo corsés que bandoleras, y cuyos volantes eran capaces de transformarse en bata de cola.

Pero ‘Zaguán’ esconde su verdadera alma en la “Soleá del Mantón” que Blanca del Rey regala a Esther Jurado, primera bailarina de la compañía. Hay poesía y garra en el vuelo de ese mantón. Alma compartida de dos mujeres que aman este arte.

Vaivén de caderas que envuelven de femenino el cante y el baile por ‘soleá’ para un mantón. Mantón que es legado. Y quién no querría quedarse a la sombra de semejante zaguán…


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Licenciada en derecho. Crítica cultural en ABC. Como redactora, abordaré tendencias y temas culturales en Meridian News.

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