Niños de Rusia, infancia entre guerras

Niños de Rusia, infancia entre guerras

Niños españoles en Rusia vestidos como marineros, en una foto que conmueve hasta helar la sangre. (Fotogravía MN).

Niños españoles en Rusia vestidos como marineros, en una foto que conmueve hasta helar la sangre. (Fotogravía MN).

Por Nadia Jiménez Castro

Niños de Rusia o ‘Niños de la guerra’, como también se les conoce. Pero, en definitiva, una infancia entre guerras que dio paso a una vida en el exilio… 3.200 niños que nunca volvieron.

Abandonaron España en las bodegas de unos barcos mercantes rumbo a Rusia, huyendo de la Guerra Civil. Nadie imaginaba entonces que, al escapar del conflicto fratricida entre nacionalistas y republicanos, se toparían con la invasión alemana y la Segunda Guerra Mundial.

Justo cuando se conmemora los 50 años del Centro Español de Moscú, hogar de los “niños de la guerra”, se exhibe una exposición que reconstruye sus vidas en la Casa de Colón. Lleva por título ‘Entre España y Rusia: recuperando la historia de los niños de la guerra’.

Todo empezó aquel verano del 36…Mientras al otro lado de los Pirineos,  el gobierno republicano francés del Frente Popular de Leon Blum llegaba al histórico acuerdo con la UGT, y un nuevo contrato social establecía  las ‘congés payés’ (las primeras vacaciones pagadas). A este lado, se oían cañones de guerra.

Un año después, más allá de los Pirineos, los franceses seguían disfrutando de las dos semanas de descanso gracias a los “Acuerdos Matignon” (así como de la jornada laboral de 8 horas y 40 semanales). Aprovechaban los transportes públicos que el gobierno ponía al servicio de los ciudadanos para ver el mar por primera vez.

En cambio, a este lado en España, eran tres millares de niños los que se acercaban al mar pero para embarcarse en un incierto destino. Creyeron que sería sólo por unos meses, pero se convirtió en el resto de sus vidas. Muy pocos regresaron. Y lo hicieron ya muy tarde.

Los llamados Niños de la Guerra, llegaron a los puertos de Yalta y Leningrado entre 1937 y 1938. Se trató de evacuaciones organizadas por el Gobierno republicano con el fin de salvarlos de los bombardeos (como el de Guernica) y evitarles los horrores de la guerra. Los planes de retorno no se activarían hasta mediados de los años cincuenta.

Sin billete de vuelta, en el camino perdieron su infancia. Asturianos y vascos, principalmente, tenían entre dos y catorce años. Leningrado, Moscú, Kiev y Odessa fueron los principales destinos.

La primera, con sólo 21 niños salió desde el puerto de Cartagena el 17 de marzo de 1.937. Procedían de Madrid, Málaga, Almería y Valencia (asediadas por el ejército nacionalista de Franco). Los dos siguientes barcos salieron desde Santurce y Gijón, respectivamente. Llevaron a 3.630 niños entre ambos ese verano del 37.

La última evacuación fue a finales de 1938, con la derrota ya en el horizonte. Unos 300 niños de Cataluña, Aragón y la costa mediterránea. Ninguno de ellos imaginó que, tras la calurosa acogida de aquellas ‘casas de niños’ en las afueras de Moscú y a cargo de sus cariñosas ‘cuidadoras rusas’, llegaría la invasión nazi de la URSS en 1941.

Pasaron años hasta que pudieron enviar correspondencia. Hermanos que viajaron juntos se vieron obligados a separarse. Y tras las nuevas ropas de ‘marinerito’ que les daban, se escondía la mayor de las nostalgias y un espíritu de apátrida que ya empezaba a larvarse.

Dos patrias y dos lenguas para unos corazones que fueron vaciados abruptamente. En total, durante la Guerra Civil española (1936-1939) fueron evacuados a la URSS unos 3.500 niños españoles.

Aquel verano de la Historia… A un lado de los Pirineos, marcarían un antes y un después en la conquista de los derechos sociales de la clase trabajadora. Y a este otro, el drama de una guerra… Aquel verano haría del mar algo muy diferente para unos niños y otros.

Entre España y Rusia: recuperando la historia de los niños de la guerra’, exposición que ahora rescata ese trozo de la memoria en la Casa de Colón, es entrañable y dura a la vez (como no podía ser de otra manera). Cartas, dibujos, fotografías…

Relatos mudos pero cargados de historia que rinden un sentido homenaje a toda una infancia anónima que responde por ‘Niños de la Guerra’.

No me atreveré a juzgar nunca aquella noche extraña. Pero sí voy a susurrar ‘pobres niños, pobre España’…”, decía el poema de uno de estos ‘niños’.


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Licenciada en derecho. Crítica cultural en ABC. Como redactora, abordaré tendencias y temas culturales en Meridian News.

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